En el centro de Osorno, ya no quedan espacios para rallar y destruir, de forma indiscriminada los vándalos y delincuentes que -se cuelgan de las marchas ciudadanas para poder delinquir- ahora amenazan de incendiar la iglesia católica, con rayados que dejan en evidencia sus verdaderas intenciones.
Lejos de ser una “Protesta Social”, como le llaman los que delinquen, se trata más bien de la libertad que se han tomado un grupúsculo de personas vinculadas al lumpen para hacer y decir lo que quieran.
Si bien las policías intentan contener a los antisociales, cada jornada, después de las marchas, el centro de Osorno, específicamente frente a la Gobernación provincial, se ha transformado en un campo de batalla, que increíblemente algunos aplauden.

Entre otros actos vandálicos, ayer, un grupo de manifestantes colgó desde la espada del monumento al héroe osornino, Eleuterio Ramírez, un muñeco de trapo, mientras gritaban consignas.

Si bien, cada vez se reduce el número de ciudadanos que marcha por temor a ser víctima de alguna acción de violencia esta fiesta “improvisada” de todos los días pareciera no tener hora ni fecha de término.

